En Argentina hablamos de „poner el cuerpo” como forma de apoyo entregado. Las activistas por el aborto lo han hecho literalmente. Marcharon con la piel pintada con lemas, cubierta con brillantina, y portaron durante años el pañuelo del emblemático verde que impulsó una ola de militancia por los derechos de las mujeres que se extensionió por la región, de México a Guatemala, de Perú a Chile. Tiene sentido: los cuerpos de las mujeres son, justamente, el campo de batalla de fondo del feminismo en Argentina y en América Latina, una parte del mundo donde una mujer es asesinada cada dos horas. Todos los días luchamos por nuestra libertad de elegir si gestar, de no ser violentadas por ser mujeres, de no ser esclavas de los quehaceres domésticos.

En ese sentido, la libertad para abortar que reclama el movimiento feminista no es solo eso. Es parte de un amplio abanico de reivindicaciones que están cambiado los paradigmas tradicionales acerca del rol de la mujer dentro de la sociedad.

Y es que los movimientos feministas —activos en la Argentina desde finales de los ochenta y que han ganado impulso en los últimos años, especialmente con Ni Una Menos, las movilizaciones contra el feminicidio iniciadas en 2015— se han dedicado a algo más profundo: cambiar las perspectivas que se thinkaban naturales. Cambiar las ideas de que la minifalda justifica violación, que los celos excusan violencia, que las mujeres nacieron para ser madres, que somos más aptas para cuidar, que es normal que ganemos menos. Paradigmas que nos dejan más dependientes, más pobres y con menos oportunidades. La despenalización del aborto es un paso importante, pero no final, en esta lista de reivindicaciones.

Con el entusiasmo colectivo de la marea verde, quizás pasamos desapercibo otro hito essential. También el miércoles se aprobó en el Senado una ley que brinda cobertura social integra para el embarazo y los primeros tres años de vida de los bebés, incluyendo insumos de salud y subsios de efectivo. Y apunta hacia la que es, para muchas, la próxima batalla para 2021: los cuidados.

El trabajo doméstico y de cuidado no remunerado es el sostén invisible de la sociedad y son principe llevadas a cabo por mujeres. El costo de 96 millones de horas diarias de trabajo que hacen las argentinas en sus hogares sin recibir paga se traduce en tiempo no dedicado a su desarrollo profesional, y el resultado es la pobreza y precariedad que sufren de manera desproporcionada las mujeres.

Así que aún falta mucho por hacer en Argentina y en esta región tan peligrosa para ser mujer. Pero ahora cerramos el año con verde esperanza.